La producción ecológica demuestra cada día su capacidad para ofrecer respuestas reales a algunos de los principales retos del sistema agroalimentario: la sostenibilidad ambiental, la rentabilidad de las explotaciones, la resiliencia frente a las crisis externas y la demanda creciente de alimentos producidos con garantías. Con el objetivo de conocer de primera mano iniciativas que representan estos valores, Ecovalia visitó recientemente los proyectos BioAlverde, El Cercado de la Era y el restaurante La Tizná, tres ejemplos de calidad ecológica certificada que reflejan cómo la producción ecológica conecta el campo con la mesa generando valor económico, social y ambiental.

Por Carmen Egea Santiago. Periodista agroalimentaria

Vista de las instalaciones de BioAlverde, proyecto de producción hortícola ecológica en Sevilla
BioAlverde
Explotación familiar El Cercado de la Era en el Aljarafe sevillano
El Cercado de la Era
Restaurante La Tizná, referente en gastronomía ecológica y de proximidad
Restaurante La Tizná

BioAlverde: biodiversidad como herramienta productiva

La jornada comenzó en BioAlverde, un proyecto de producción hortícola ecológica y de inclusión social ubicado en el área metropolitana de Sevilla. Durante la visita, los asistentes pudieron conocer la profunda transformación experimentada por una finca que hace apenas una década estaba dedicada al cultivo intensivo de cereal y que hoy se ha convertido en un espacio donde la biodiversidad forma parte esencial del sistema productivo.

Fernando Rodríguez, gerente de BioAlverde, explicó cómo la creación de «islas de biodiversidad» mediante la plantación de árboles y arbustos ha permitido recuperar la presencia de fauna auxiliar y mejorar el equilibrio natural de la explotación. Una transformación impulsada a través de iniciativas participativas como los denominados «sembratones», jornadas de trabajo colaborativo que han permitido introducir alrededor de mil ejemplares de especies vegetales. Para Rodríguez, la biodiversidad no debe entenderse únicamente como un valor ambiental, sino como una herramienta productiva capaz de mejorar el funcionamiento de los ecosistemas agrarios.

«La producción ecológica ha demostrado ser un sistema estratégico para la seguridad alimentaria europea, precisamente porque reduce la dependencia de insumos externos y fortalece la autosuficiencia de las explotaciones.»
— Evelyne Alcázar, coordinadora de Ecovalia y directora de la oficina de Bruselas

La coordinadora de Ecovalia y directora de la oficina de Bruselas, Evelyne Alcázar, destacó que ejemplos como BioAlverde muestran la capacidad de la producción ecológica para construir sistemas más resilientes y menos dependientes de factores externos. Recordó que el modelo ecológico se basa en el aprovechamiento de recursos naturales y fertilizantes de origen orgánico próximos al territorio, una circunstancia que permitió amortiguar el impacto de las recientes crisis internacionales sobre los costes de producción.

El Cercado de la Era: valor añadido desde el territorio

La segunda parada llevó a los asistentes hasta El Cercado de la Era, una explotación familiar del Aljarafe sevillano que integra producción ganadera, agricultura, transformación y comercialización bajo certificación ecológica. Durante el recorrido, José Ignacio Artillo explicó cómo la apuesta por las razas autóctonas, el bienestar animal y la venta directa permite acercar al productor y al consumidor alimentos donde se garantiza la trazabilidad completa.

Desde la cría extensiva del ganado vacuno hasta la elaboración de aceite de oliva virgen extra y vinos ecológicos procedentes de variedades locales, el proyecto demuestra que la diferenciación y la transformación en origen son elementos clave para consolidar la rentabilidad del sector.

«No se trata únicamente de aumentar la superficie ecológica, sino también de fortalecer toda la cadena de valor para que el beneficio permanezca en el territorio.»
— Evelyne Alcázar, coordinadora de Ecovalia y directora de la oficina de Bruselas

En este contexto, Evelyne Alcázar recordó que Andalucía continúa liderando la producción ecológica en España, con cerca del 30% de su superficie agraria útil certificada, aunque advirtió de que el principal reto pasa ahora por seguir creciendo a través de la transformación y la generación de valor añadido.

La PAC y el reconocimiento estratégico del sector ecológico

El presidente de Ecovalia, Álvaro Barrera, aprovechó la visita para insistir en la necesidad de que la futura Política Agraria Común (PAC) reconozca el carácter estratégico de la producción ecológica. Barrera recordó que desde Ecovalia, el sector lleva más de tres décadas demostrando que se trata de un modelo agronómicamente productivo, económicamente viable y ambientalmente necesario.

«La producción ecológica ya no es una alternativa experimental; es una realidad consolidada que aporta beneficios tangibles a la sociedad.»
— Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia

El presidente de Ecovalia defendió además la necesidad de reforzar el apoyo presupuestario destinado al sector y recordó que cada euro invertido en producción ecológica genera un retorno social y ambiental muy superior a la inversión inicial. Asimismo, incidió en la importancia de impulsar medidas que favorezcan el consumo interno, especialmente a través de las compras públicas en centros educativos y sanitarios, una herramienta que ya ha demostrado su eficacia en otros países europeos.

La Tizná: la restauración como puente entre el campo y el consumidor

La jornada concluyó en el restaurante La Tizná, donde los participantes pudieron comprobar cómo la restauración desempeña un papel fundamental en la promoción de los alimentos ecológicos y de proximidad. A través de una propuesta gastronómica basada en productos de temporada y origen certificado, el establecimiento pone en valor el trabajo desarrollado por agricultores y ganaderos ecológicos, acercando al consumidor final la calidad y los principios que sustentan este modelo de producción.

Más allá de una visita técnica, el recorrido permitió visualizar cómo la biodiversidad, la producción agraria, el bienestar animal, la transformación alimentaria y la gastronomía forman parte de una misma cadena de valor. Una cadena que sitúa a la producción ecológica como una herramienta clave para afrontar los desafíos económicos, ambientales y sociales del presente y del futuro, generando oportunidades para el medio rural y ofreciendo a los consumidores alimentos producidos bajo los más altos estándares de sostenibilidad y transparencia.