Eficacia de la biodesinfección del suelo con materia orgánica en el control de la fusariosis vascular del clavel en la costa noroeste de Cádiz

El cultivo del clavel supuso el comienzo de la floricultura en Andalucía, erigiéndose como una alternativa rentable dentro de la horticultura intensiva que proporciono una mayor riqueza. Hoy es el cultivo más representativo de la flor cortada dedicándosele una superficie que representa el 80% de la total cultivada en Andalucía, de la cual un 75% se sitúa en la provincia de Cádiz y el resto en la de Sevilla. En Andalucía, la facturación anual ronda los 200 millones de euros, lo que supone un 3,5% de la producción final agraria de la Comunidad Autónoma, proporcionando empleo a más de 600 jornaleros (20% del total nacional). El 98% de los productores andaluces de flor cortada se encuentra n en las provincias de Cádiz y Sevilla, donde cerca de 5000 agricultores producen cada año 1500 millones de tallos de flor, de los cuales el 80% son claveles y clavellinas. El cultivo se concentra en la provincia de Cádiz en los términos de Sanlúcar de Barrameda, Chipiona y Rota, donde la producción supera los 100 millones de euros, proporcionando empleo directo a cerca de 8000 personas en el sector primario y a 3000 trabajadores en la comercialización, de los cuales el 53% son mujeres, todo ello representa una fuente importante de ocupación entre los 95000 habitantes de la zona.

La fusariosis vascular del clavel, enfermedad causada por el hongo Fusarium oxysporum f. sp. Dianthi constituye un factor limitante para el cultivo en todas las zonas productoras del mundo. Su control se basa en la desinfección del suelo antes de plantar, utilizando fumigantes químicos. Control que se complementa con el uso de cultivares con resistencia genética al patógeno. La eficacia es bastante deficiente, obligando a realizar un cultivo anual donde la secuencia de desinfección del suelo y variedades resistentes se repite, incrementando los costos de producción hasta niveles insostenibles. Para calibrar la dimensión de esta obligada modificación, basta recordar que el clavel es una planta vivaz cuyo cultivo es rentable cuando se mantiene el terreno de asiento, como mínimo dos años.

En el trabajo que se presenta se evaluó la enfermedad en 247 invernaderos durante el trienio 2004-2007, lo cual supuso un 6% de la superficie total cultivada. En un 74,30% estuvo presente la fusariosis vascular, pese a que en todas fueron utilizadas cultivares de clavel resistentes a la enfermedad y haber desinfectado el suelo con uno de los tres fumigantes químicos usados en la zona, o con sus combinaciones. Todo lo cual pone de manifiesto las limitaciones de las técnicas de manejo utilizadas.

Los trabajos de investigación que abarcaron 4 años (2004-2008) se centraron en buscar una soluciónal problema antes valorado, utilizando la materia orgánica poco descompuesta para controlar la enfermedad. Para ello se realizaron dos grupos de ensayos. Por un lado, se empleó la materia orgánica para biodesinfectar el suelo aplicando para tal fin la técnica de biosolarización y por otro, evaluar el poder supresivo de algunas materias orgánicas compostadas (residuos de almazaras, de bodegas vitivinícolas, de la industria cochera y del cultivo del champiñón) en cultivos en contenedores sobre el suelo. Todas estas técnicas se compararon con los fumigantes químicos usados en la zona y con el uso del hongo antagonista Trichoderma asperellum

En el primer grupo de ensayos, referente a la biodesinfectación del suelo se ensayaron las siguientes materias orgánicas: alperujo, restos de cosechas de clavel, restos de cosecha de crisantemo y gallinazas. Los tratamientos se aplicaron como biofumigación (sin plástico transparente para cubrir el suelo) y cómo biosolarización (con cubierta plástica) y combinando los restos de cosecha de clavel y crisantemo con gallinaza. Los testigos en blanco (Sin tratamiento) y los testigos químicos (bromuro de metilo, dicloropropeno + cloropicrina y metam sodio) fueron aplicados con y sin solarización y añadiendo el hongo antagonista Trichoderma asperellum. Los ensayos se mantuvieron durante dos campañas consecutivas (2005-2005 y 2005-2006), un total de 699 días, valorando semanalmente la producción de tallos de clavel y su calidad comercial, así como la progresión de la enfermedad. Los resultados, que fueron concluyentes, pusieron en evidencia que el tratamiento que utilizo restos de cosechas de clavel y crisantemo (5 Kg/m2) más gallinazas (5 kg/m2) y 4 semanas de solarización, fue el mejor de todos, permitiendo llevar el cultivo a 2 años y proporcionando la mejor producción de tallos de clavel en cantidad y en calidad. Ningún químico y ninguna materia orgánica de las ensayadas pudieron superar a la combinación arriba mencionada. Aparte de este logro hay que reseñar otros beneficios: 1) Eliminación de los restos de cosecha que ensucian el entorno y representan un lastre a la hora de comercializar; 2) Eliminación de los patógenos que albergan los restos de cosecha que desaparecen con la biosolarización y que de otra manera representan una fuente de inóculo para las plantaciones; y, 3) El coste de este procedimiento es más barato que el de los fumigantes químicos; así, en el trabajo se hizo el estudio sobre el costo de aplicación, resultado que mientras el mejor fumigante químico; así, en el trabajo se hizo el estudio sobre el costo de aplicación, resultando que mientras el mejor fumigante químico tuvo un costo de 0,47 €/m2 (4700 €/ha), el procedimiento propuesto lo tuvo de 0,27 €/m2 (2700 €/ha). Y hay que insistir en que no se ha computado el incremento de producción no el beneficio ambiental. Hay que añadir que el procedimiento supone, además, una disminución mayor del 50% en abonados de fondo y coberteras convencionales, y una disminución en la dotación del riego. Así mismo, el procedimiento no supone una contaminación de acuífero por nitratos.

El segundo grupo de ensayos pretendía evaluar el poder supresivo (propiedad que tienen los suelos y los sustratos de impedir que se manifieste la enfermedad, aunque esté el patógeno presente, el hospedador sea sensible y el ambiente favorable) frente a la fusariosis vascular del clavel de compost obtenidos de la industria corchera, de las champiñoneras de Castilla La mancha, del alperujo de almazaras y del orujo de la vid. La propiedad de supresividad fue alta en los compost obtenidos de orujo e vid y de los champiñoneros, siendo el fenómeno de menor dimensión en los elaborados con residuos de la industria corchera y de los alperujos. Este aspecto es muy importante si se tienen en cuenta los miles de toneladas de cada subproducto que se generan anualmente. Sin embargo, no permiten un control eficaz como la biosolarización.

 

Estimamos que los resultados presentados en este trabajo suponen una notable aportación en el manejo de las enfermedades con origen en el suelo de los cultivos y son útiles en agricultura ecológica: La técnica propuesta permite utilizar los restos de cosecha, aunque contengan patógenos y de esa manera equilibrar el sistema agrícola, manteniendo limpio el campo y ajustando el balance de nutrientes para las plantas.

Los resultados han sido difundidos por el IFAPA y la universidad de Almeria entre los agricultores de Chipiona, Sanlúcar, Rota (Cádiz) y Lebrija y las Cabezas de San Juan (Sevilla) durante el trienio de 2007-2009. A tal efecto se han mantenido 15 reuniones con agricultores y se han celebrado 6 jornadas técnicas. La técnica de desinfección, hasta donde se ha podido comprobar, han sido adoptada por 300 agricultores, lo cual supone una superficie de 75 ha. Téngase en cuenta que el tamaño medio de los predios dedicados a flor cortada tiene una superficie de 3500 m 2. La técnica, además es de utilización pública y los experimentos, que conforman el trabajo de investigación, tuvieron una financiación mayoritariamente privada, aportada por una empresa líder en la zona y por agricultores.


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